Había tenido una semana muy dura de trabajo, estrechando las relaciones comerciales con mis socios chinos en beneficio de nuestro nuevo proyecto en España. Decidí tomarme dos días de vacaciones en Macao antes de volver a casa. Siempre me atrajo la idea de conocer el pasado colonial de China, y en el caso de Macao, la pertenencia a la corona portuguesa. Macao nunca reconoció a la corona española incluso cuando formaba parte del Imperio, pero la herencia ibérica es incontestable.

Llegué a la ciudad por la noche, así que me fui a dormir para levantarme temprano. Lo primero que hice, una vez puesto en marcha, fue visitar el centro histórico de Macao y disfrutar de la arquitectura colonial. Era fascinante. El conjunto de edificios históricos me sedujo de tal forma que pensaba que el espacio se había contraído y me encontraba en cualquier villa de la península ibérica.

Al día siguiente me fui a visitar Porto Interior. El día era casi opaco. Una bruma espesa rodeaba a la ciudad. Al llegar al puerto, la falta de luz era más que evidente. Con una cierta sensación de desasosiego, caminé errante por los edificios con arcos de herradura de Porto Interior. Me recordaban mucho a los arcos de las construcciones que hay frente al Malecón de La Habana, incluso en el deterioro de las fachadas. Los exteriores estaban muy maltrechos, con ropa colgando y balcones semidestruidos, pero aun así, se percibía el paso de los portugueses por el Extremo Oriente.

Deambulando entre curvas de arquitectura colonial, encontré el típico bazar chino, con un anciano fumando en pipa que me incitaba a entrar. Accedí a la tienda y empecé a curiosear entre jarrones, figurillas de porcelana, piezas de telares, tornos y cajas llenas de cachivaches. Advertí que en una de ellas la tapa estaba escrita en español. Avisaba, “NO ABRIR BAJO NINGÚN CONCEPTO”. El chino me estaba vigilando. Así que cogí la caja, se la pagué y me la llevé sin abrir hasta el hotel.

El olor que desprendía la caja al destaparla era muy desagradable, como si de un ataúd se tratara. Habían pocas cosas, tres botellas de vidrio con boquillas de metal sucias y con dos tubitos colgando, dos hormas huecas de acero llenas de agujeros uniformemente construidos, varios solenoides muy extraños y una carpeta vieja llena de planos de un coche. No se leía bien la marca, pero intuí que era un Pegaso por la forma del coche. Leyendo mas bajo en una esquina, observé que había una anotación escrita, donde se entendía P.B. Vampiro ¡Eran los planos del Pegaso bisiluro Vampiro que Ricart había empezado a diseñar en su paso por Alfa Romeo!

Hace muchos años, en mis tiempos de estudiante en la Universidad Diego de Losada, en la biblioteca, leí un artículo de un tal Josef Nesvadba, que explicaba la construcción de un coche cuyo motor se alimentaba de sangre humana. El artículo era un pequeño tratado de sostenibilidad en el diseño de motores, que pretendía explicar que la mejor energía para mover un ingenio mecánico era la sangre humana. El motor era ovalado con tres botellas de medio litro y seis solenoides, tal y como yo lo veía en los planos del Pegaso Vampiro que tenía en mi poder.

Recordé la historia nada clara del último Pegaso bisiluro y su carrera hacia la nada. Ricart quería a toda costa conseguir el record de velocidad punta. Para ello, construyó el que debía de ser el Pegaso bisiluro 3. Aquel día, en Ostende, hacía mucho frío. El piloto era español. No se consiguió el record e inmediatamente el coche fue desguazado. En el artículo de J. Nesvadba explicaba que un coche vampiro de origen español, quiso romper el record de velocidad en 1956 y que alcanzaba los 300 Km/h en aceleración. También revelaba que el record de velocidad no se superó por la afición de los españoles de aquel entonces a lo que conocemos como el “carajillo” de la mañana.  El coche no tenía el combustible adecuado.

Día 1 año 61. A partir de los planos que tengo y los objetos de la caja, he decidido construir el coche vampiro. Los solenoides son las partes más importantes del motor. Las hormas son los pedales que van en contacto con la palma del pie desnudo. Los orificios de las hormas y las botellas es fácil de adivinar su misión.

Día 15 año 61. La carrocería es muy aerodinámica. Me la harán mis socios chinos en una sola pieza de metal sinterizado. Será construida en aluminio. Comprendo como Ricart la llamó “canini da vampiro” a sus más allegados, porque recuerdan a unos colmillos de vampiro.

Día 30 año 61. He terminado con la construcción del motor en el software de diseño industrial. Ha sido más fácil de lo que suponía. El bastidor lo vamos a fabricar en nuestra fábrica de San Juan de Espinosa, así como los diferentes elementos que componen la plataforma.

Día 90 año 61. Ya está aquí la carrocería de aluminio sinterizado monobloque. Ha quedado perfecta. Cuando estos chinos quieren construir algo bueno no hay nadie que los supere.

Día 120 año 61. Todos los componentes del coche vampiro los tengo en mi poder. He decidido trabajar solo. Los operarios que se tomen unas vacaciones después que me hayan montado la plataforma y la carrocería con todos sus elementos. El motor lo he fabricado en el taller de mi casa.

Día 200 año 61. El coche vampiro está en el garaje. He terminado de montar el motor y adaptado los pedales “inyectores”. Todos los demás elementos están ajustados. Solo falta probar el encendido. Estoy asustado.

Día 230 año 61. Después de un mes todavía no lo he probado. Me he dedicado a repasar las características técnicas del coche vampiro. Creo que alcanzará mas de 1200 CV con una aceleración de 300 Km/h en 10 segundos, suficiente para batir el record del mundo. Lo que no tengo muy claro es la cantidad de sangre que va a necesitar. Creo que con un litro bastará, pero no estoy nada seguro. Con un 10% de pérdida del volumen sanguíneo no habrá problema de shock hipovolémico, pero a partir del 20% la cosa se puede complicar.

Día 240 año 61. He probado el coche. Solo funciona con sangre O Rh -. Cuando he encendido el coche, he sentido una sensación extraña, casi agradable. La planta del pie no me ha molestado, ni siquiera he notado el contacto desnudo del metal, salvo el frío de la mañana. He alcanzado el máximo de revoluciones solo con medio litro de sangre durante cinco minutos. No necesitaré más de 12 segundos para romper el record y detener el coche. Con el aerofreno y el paracaídas que he colocado en la parte posterior, la velocidad disminuirá antes de alcanzar el final de la pista

Día 260 año 61. Para conseguir esta punta de velocidad necesito una pista de por lo menos tres kilómetros de recta. No hay problema, con la cantidad de aeropuertos semiabandonados que hay en España, he conseguido alquilar la pista de uno de ellos. No tendré problemas con nadie. Intentaré batir el record por la noche.

Día 360 año 61. Esta noche será el día. El coche permanece en uno de los numerosos hangares vacíos del aeropuerto. Estoy solo.

Día 0 año 0. Son las doce de la noche. Es luna llena. Estoy al principio de la pista. Enciendo el motor. Noto esa extraña y agradable sensación de contacto con la eternidad del instante. Le doy mi sangre y el coche sale disparado. La aceleración es brutal, 100, 200, 300 en 11 seg., 400, 500 km en 16 seg. He roto el record de velocidad. ¡Soy el rey del mundo! Se abre el paracaídas y se dispara el aerofreno.

Siento que se me nublan los ojos. No puedo ver.

Estoy cansado.

Muy cansado……..

Enviado desde mi tablet del infierno.  Hora 00:33: 20 Día 0 año 0.